
Ring-ring! Sonó el teléfono aquella tarde, él intuyo de qué se trabata.
-Aló!
-Diga.- Contestó con voz temerosa.
-Con algún familiar de la señora Mercedes Zuñiga?
-Sí, habla su nieto.- El temor se acrecentaba en él a cada respuesta de aquella voz del otro lado del teléfono.
-Necesito que se dirija al hospital, la señora Mercedes está grave, por favor, vengan lo antes posible.
El temor se hizo realidad y un escalofrío invadió su cuerpo, algo le decía que se acercaba a un final.
Él dio la noticia a su familia. Emprendieron el viaje, quizás el más angustioso y callado que hayan hecho. Todos se miraban e intuían que tendrían que darse fuerzas unos a otros. En el transcurso del camino, él podía solo pensar en por qué debían terminar las cosas así y en lo imposible que era parar el dolor que vendría.
Todos llegaron a la sala de aquel hospital. se podía sentir en el aire, el frío de la muerte. Ahí estaba ella, inhalando las que iban a ser sus últimas partículas de aire, postrada en aquella cama por tanto tiempo.
Todos avanzaron por la habitación alrededor de su cama y comenzaron a escucharse los primeros llantos y a caer las primeras lágrimas de los ojos envejecidos del anciano que había compartido toda su vida al lado de doñaMercedes y se preguntaba que sería de su vida sin ella.
Él no podía creer tanto dolor en su familia, a esa hora todos lloraban, pero seguía firme, apoyando y consolado. Ya no se podía hacer nada, sólo esperar el momento de su muerte, que no tardo en llegar. Así se desvaneció la vida de doña Mercedes Zuñiga. Él agradeció que descanzara en paz, pero no logró evitar el llanto doloroso que provoca la maldita muerte.